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 G.F.A.R.C.

Notas y artículos

 

DIPLOMADO INTERNACIONAL

K-SAR 2002

Educación del perro de búsqueda y rescate urbano y rural de area

por Engels Germán Cortés Trujillo

Bogotá, D.C., Colombia,

14 de mayo de 2002

 

Reproducido con la autorización de Engels Germán Cortés

FUNDACION PARA LA GESTION DEL RIESGO  FGR - NIT: 830.084.917

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Se presentan las consideraciones básicas para garantizar la convivencia y la seguridad del perro de búsqueda y rescate urbano y rural de área en el medio humano, y facilitar su adiestramiento y control general y operativo.

 

1. INTRODUCCIÓN:

Una de las habilidades que debe dominar el perro K-SAR es la educación, tanto para convivir adecuadamente con el entorno humano y sus reglas de comportamiento, como para desenvolverse con seguridad en ese mismo entorno, y para que el miembro humano de la pareja cinófila pueda orientar con mayor eficacia el adiestramiento y el control de su compañero canino. Esta ponencia establece algunas pautas pertinentes para desarrollar ésta, la segunda etapa del Adiestramiento K-SAR.

 

2. JUSTIFICACIÓN DE LA EDUCACIÓN:

Al igual que la preparación, la educación es necesaria para un perro de búsqueda y rescate, ya sea por la simple necesidad de controlarlo en la vida cotidiana, obtener su aceptación en la sociedad, los medios de transporte y los lugares de trabajo, o dirigirlo exitosamente en la labor de rescate. Aquí menciono edades y procesos ideales, pero tampoco son una camisa de fuerza.

A su vez, la educación no es el objetivo único de esta etapa, sino también el de reforzar los comportamientos básicos de búsqueda y señalamiento observados en la evaluación final de la etapa de preparación, en aras de no permitir su extinción. Por ende, es bueno repetir esos ejercicios, gradualmente su complejidad, al menos quincenalmente mientras se termina la educación. Esta variedad de acción también hace el trabajo más interesante para el perro y favorece su disposición de aprendizaje.

 

3. EDAD PARA LA EDUCACIÓN:

Entre alrededor de los 6 a los 10 meses, el principio del estado juvenil. De ser un perro salvaje o un cánido cualquiera (lobo, zorro, hiena, dingo, coyote), es el momento en el que deja de ser un cachorro, y comienza a abandonar la dependencia materna.

Empieza a cazar, a matar, a sobrevivir por su cuenta y a ser instruido, a veces a la fuerza, con las normas de comportamiento de la jauría y de la vida. Desaparece ya el tabú que antes le protegía de intocabilidad a los cachorros y si es necesario es castigado duramente por sus mayores. Al mismo tiempo, sigue e imita al alfa de su manada (macho o hembra, ambos casos son posibles), al que "promete fidelidad" y del que trata de aprender lo máximo posible mientras llega a adulto (Mech, 1.987).

Tres veces mencioné en el párrafo anterior la palabra aprendizaje, la clave de esta etapa. En la de preparación allanamos el camino para que el aprendizaje social se diera, aquí lo concretamos. Y aunque no tratamos con un perro salvaje en una jauría, sus estructuras conductales están listas para seguir el proceso natural. Por fuerza, la familia salvaje es sustituida por la humana y el rol del alfa de la manada debe ser asumido por el guía.

De no intervenir adecuadamente, el proceso continuaría hacia la búsqueda de la supremacía social del perro en la familia humana. Eso es justamente lo que ocurre en tantos casos en los que el animal literalmente hace lo que le da la gana. Quiere a sus "dueños", pero no los respeta. No los concibe como autoridades, sino como sus "alimentadores oficiales", obligados además a pasear detrás de él y compartir su cama, sus cosas y su paciencia.

Esto jamás pasaría en la jauría. Más pronto que tarde, lo adultos ponen al juvenil en su lugar y muy claramente le hacen saber hasta dónde puede llegar, qué se espera de él y qué significa el romper las normas (Zimen, 1.988). Pero en el entorno humano la intervención le toca entonces al guía. Tal vez no le enseñará al animal el código de conducta de la jauría, sino las reglas de convivencia en el medio humano, de manera que evitará problemas y será tolerado en su nueva familia. Esta es la educación.

Paralelamente, el guía pasa del rol de mamá al del "alfa de la manada", con lo que reafirma y asegura los lazos de amistad con su compañero. Además, más o menos a entre los 6 a los 10 meses el perro ya alcanza la madurez neurológica necesaria para aprender condicionamientos instrumentales con plena eficacia, y ronda justamente por el período crítico de aprendizaje para ese propósito.

Pero el no cumplir con esta edad no es una razón obligatoria de exclusión: Si el perro ingresa al Programa en la edad límite de 18 meses, también puede ser preparado y educado para pasar más adelante al adiestramiento. Sólo que demandará más tiempo y cuidado para no saturarlo y terminará más tarde. Pero es viable.

 

4. CONSIDERACION ES GENERALES:

Como adiestrador privado siempre hice claridad a mis clientes al comenzar una educación: un perro es un organismo biológico más rápido, más ágil, más resistente, con reflejos más inmediatos y, a la hora de pelear, más peligroso que un ser humano sin armas. Tiene menos fuerza, pero la distribuye mejor (tracción en 4 patas, mientras que los bípedos sostenemos un precario equilibrio perpendicular al suelo, con un centro de gravedad muy alto y por lo mismo vulnerable ante empujes laterales), y algunos sentidos mucho más desarrollados. Puede leer e interpretar fácilmente nuestra repetitiva conducta y predecir (y por lo tanto evitar), nuestras respuestas que considere indeseables. Por todo esto, si se tratara sólo de la imposición de una superioridad física, de entrada estaríamos en desventaja y tendríamos pocas posibilidades de éxito en el intento de modificar la conducta del animal. Pero a nuestro turno somos más inteligentes y hemos logrado un conocimiento sobre la conducta animal en general y la canina en particular. Estos recursos nos permiten tomar la delantera y cumplir nuestro propósito, sólo si los utilizamos bien. En pocas palabras, si respetamos las reglas de la Etología y la Psicología del Aprendizaje, que nos ofrecen la llave de entrada racional a los procesos de modificación conductual.

Aquí está presente el condicionamiento instrumental en toda su extensión, entre otras razones porque el animal ya posee la capacidad para asimilarlo. En la presencia de una señal ambiental definida (la orden del guía), una respuesta instrumental del sujeto producirá un evento llamado el reforzador (positivo si la respuesta es la esperada, negativo o neutro si no). Si el refuerzo es positivo, incrementará la posibilidad de repetición de la respuesta. Las otras dos opciones facilitarán su extinción.

 

5. METODOLOGÍA:

Es similar para todas las órdenes: Al mismo tiempo que se ejecuta la acción en el animal (sentarse, acostarse, acudir al llamado, etc.), se pronuncia la orden correspondiente. Luego de varias ejecuciones, el sujeto comienza a parear la orden con la respuesta ejecutada. En ese momento recibe el reforzamiento positivo (para el que bastan unas palmadas cariñosas y una voz amistosa de aliento).

Por supuesto, no es tan fácil como suena. Es necesario lograr la atención del aprendiz. Garantizar que al principio no tenga otra opción que la deseada. No saturar su motivación. Y con el tiempo, se conseguirá que el animal ejecute la acción con la orden verbal, sin inducirlo físicamente a hacerlo.

Con todo y con que esta etapa es requisitoria para llegar a la de entrenamiento, no creo importante centrarme en ella más de lo necesario, pues no es la educación el objetivo central del Adiestramiento K-SAR sino un paso necesario para el mejor control y desempeño del equipo cinófilo. De otro lado, están disponibles muchos y muy buenos manuales para conseguirla. Sólo indico las conductas a conseguir mediante la orden verbal y otras consideraciones pertinentes.

 

LISTA DE ÓRDENES:

conMIgo : caminar suelto al lado del guía.

ALto : sentarse.

a TIErra : acostarse.

QUIEto : permanecer en un lugar.

aCA : acudir al llamado.

aRRIba : subir.

aBAjo : bajar.

aDENtro : entrar.

aFUEra : salir.

TRAIga : Tomar y portar un objeto con la boca.

SUELte : Soltar el objeto.

LAUT : ladrar.

siLENcio : guardar silencio.

adeLANte : adelantarse al guía.

arRAStre : Arrastrarse.

a su luGAR : Retirarse a su lugar.

BIEN : Voz de felicitación.

NO : Voz de limitación.

FUY : Voz de castigo.

LIbre : Liberación de órdenes.

El objetivo final de esta etapa es que estas 20 órdenes básicas de educación para el adiestramiento de búsqueda deben ejecutarse con el animal suelto, sin impedimentos físicos para su libre movimiento. Solo así se demuestra que la educación dio resultado.

Las sílabas escritas en mayúsculas son las de pronunciación acentuada y por lo mismo son los fonemas que el animal asocia con cada ejecución. En sí, estos fonemas son la lista de órdenes, sólo que están contenidos en palabras habituales para el guía, que el perro no entiende en su significado verbal. De esta manera las órdenes son fácilmente accesibles para ambos.

Aunque la lista de comandos es la ideal, no todas esas órdenes son estrictamente necesarias: implemente, las que permitan el control verbal del perro y faciliten su adiestramiento. Algunas son útiles transitoriamente para ese adiestramiento, como TRAIga y LAUT (y sus correspondientes SUELte y siLENcio): TRAIga ayuda a desarrollar el gusto del perro por su juguete, y LAUT induce el futuro señalamiento, comenzando por reclamar el juguete. Por supuesto, son transitorias en la medida que luego no ordenaremos al can que señale, sino que él lo hará autónomamente a partir del condicionamiento en el que fue adiestrado; por eso son órdenes transitorias.

Incluso, es deseable no usarlas con perros de fácil ladrido, a los cuales se les puede provocar el reclamo (y posterior señalamiento) autónomo, sin necesidad de orden alguna. Esos serán los mejores señaladores con ladrido.

En todo caso, aunque la siguiente es una observación para la etapa de entrenamiento, posterior a ésta, debo advertir que un requisito ineludible para los perros K-SAR urbanos y señaladores de área es que ladren para reclamar su juguete. Si no lo hacen no justifica avanzar con el entrenamiento específico de la Especialidad, bajo el riesgo de conseguir animales capaces de encontrar al figurante o la persona perdida pero incapaces de señalarla con sus ladridos. No servirán para el oficio. Por eso, la conducta de ladrar para reclamar el juguete, ojalá sin usar la orden, es indispensable para poder avanzar con el adiestramiento.

Otra sutil variación de la educación convencional está en que la necesaria para el adiestramiento K-SAR persigue el "control remoto" del perro. Es decir, que el animal obedezca aún a grandes distancias del guía, sin que éste esté encima de él físicamente. Así el guía podrá dirigir las áreas generales de búsqueda en escombros sin entrar en ellos (por su seguridad y para evitar influir en los señalamientos), o así mismo, ordenar la salida inmediata de su compañero canino de los escombros en caso de peligro. Sencillamente se trata de aumentar la distancia crítica (aquella a partir de la cual el perro no obedece: en un animal sin educación ésta es cero), para todos los ejercicios más allá de lo normal en la obediencia básica.

 

6. OTRAS CONSIDERACIONES EN LA EDUCACIÓN:

Me permito detenerme sobre algunas consideraciones no presentes en los manuales comunes de educación:

IDIOMA DE LA EDUCACIÓN: El habitual del guía y su familia. El gusto popular prefiere usar el inglés y el alemán, supuestamente para que quienes no lo sepan no puedan manejar al animal, "porque son mejores" o como un simple acto de esnobismo.

Igual el perro no entiende el significado conceptual de lo que le dicen, sin importar el idioma, sino que asocia un fonema con una acción y con un resultado, sea cual sea el idioma. Sí es cierto que el inglés, y más el alemán, poseen fonemas de impacto auditivo más fuerte, claro y definido, de mejor percepción para el animal.

Ahora, aunque le hablen con las órdenes aprendidas, sólo obedecerá a las voces conocidas, así que el idioma poco importa para él. En cambio es posible que el guía y su familia se confundan con una lengua diferente a la acostumbrada y terminen así por confundir a su compañero. En RESCATE K-SAR la mayor parte de las órdenes es en español.

 

DURACIÓN DE LA SESIÓN DE ADIESTRAMIENTO: 50 minutos como máximo, que es el tiempo límite durante el cual podemos mantener la atención positiva del perro, si recordamos su naturaleza multifásica. Duraciones mayores son contraproducentes, pero sin son posibles dos sesiones diarias siempre y cuando medie un descanso de mínimo cuatro horas (una fase canina de reposo). Así mismo, como no podemos exigir a un niño una mañana continua de estudio, sin recreos, el perro también necesita pausas y variaciones. La sesión no es solo de trabajo, sino que se divide en los momentos de exploración, trabajo y juego.

EXPLORACIÓN: Por lo general se trata de un animal encerrado en un hábitat humano, bastante aburrido en cuanto a estimulación sensorial en general y olfativa en particular.

Además, ya hay un condicionamiento clásico previo de exterior-evacuación fisiológica. Por ambas razones, la motivación inicial del sujeto es la de exploración de los alrededores para estar al día sobre la nueva información disponible en cada elemento a su alcance, y saludar a sus amigos y congéneres, si están presentes. Por supuesto, orinar y defecar. Exigirle concentración apenas el perro sale de la casa está fuera del lugar. Otra variable a observar es que el perro doméstico casi todo el tiempo está bajo el dominio humano, que a cada paso le dice qué y qué no hacer, y como hacerlo. Por higiene mental es conveniente que disponga de momentos y espacios propios para su autodeterminación libre, y limpie el exceso de presencia humana en su cotidianidad. 5 a 10 minutos son suficientes.

TRABAJO: Este momento si es el del condicionamiento instrumental en regla, de acuerdo a las indicaciones ya realizadas. Como principio básico, éste es el momento de la exigencia: no se le permite al perro jugar, distraerse o negarse, simplemente debe trabajar en la orden del caso, sin someterlo a violencia pero sí con paciencia y firmeza.

De esta forma aprende que la única opción de respuesta que tiene para las órdenes es obedecerlas. 15 a 30 minutos, como máximo.

JUEGO REFORZADOR: Como reforzador positivo para una buena sesión de trabajo, que relaja además la tensión acumulada y fortalece los lazos entre el perro y su guía, o entre el perro y sus congéneres, con evidentes ventajas en la socialización. El terminar la sesión de esta manera aumenta las probabilidades de buena disposición del perro para la próxima sesión. Aquí también hay diferencias entre métodos: algunos adiestradores alemanes prefieren no permitir el juego a sus animales en momentos próximos al trabajo. Cuestionados por qué, afirman que los perros deben mantener una disciplina y no desperdiciar energía ni dispensar su atención y disposición en actividades ajenas a su objetivo, el de búsqueda y rescate. Su reforzamiento es entonces con base en estimulación verbal y comida.

HORARIO DE LAS SESIONES: Óptimo al amanecer y al oscurecer. En estado natural, ésas son las horas de mayor activación de los cánidos, cuando salen a cazar e inician sus tareas rutinarias, y esta disposición natural se mantiene en los perros domésticos.

Una de las razones más importantes para esta escogencia horaria consiste en que los cánidos son más aptos para funcionar en bajas temperaturas que en las altas, ya que carecen de un sistema eficiente de refrigeración corporal. No sudan por todo el cuerpo como nosotros, sino únicamente por los pulpejos (los cojinetes de las patas), así que están obligados a enfriarse por intercambio de aire entre el calor de su cuerpo y el frío ambiental, o la ingestión de agua fría. De ahí su constante jadeo y necesidad permanente de agua fresca. Por eso prefieren las temperaturas menores para sus actividades más costosas en energía y que producen más calor fisiológico, y esas temperaturas se consiguen al amanecer y al oscurecer. De hecho, como organismos olfativos, auditivos y poco visuales, la escasez de luz no les importa.

Por supuesto que se han dado adaptaciones extraordinarias en cánidos capaces de vivir en desiertos, como orejas más grandes para intercambio de temperatura, pelo corto y poco denso, menor masa corporal y otras. Pero siguen siendo primordialmente nocturnos y en todo caso, los perros aquí utilizados son perros comunes, parte de la media de su familia biológica. Por tanto, trabajan mejor en las horas mencionadas. Lo anterior no significa que no pueden ser adiestrados en horas diferentes. Simplemente, su desempeño puede ser algo inferior y siempre es importante tener en cuenta esta variable: si se va a trabajar al mediodía, es bueno hacerlo a la sombra y por menos tiempo, a menos que el objetivo sea el de fortalecer la resistencia física del sujeto. En ese caso son otras las precauciones necesarias.

 

LUGAR DE LAS SESIONES: Amplio y aireado, de modo que permita movimientos grandes y cómodos. En lo posible es conveniente variar el lugar frecuentemente, a fin de generalizar la obediencia en todo tipo de ambientes, incluso bajo techo. No es bueno un lugar con demasiadas distracciones, pero tampoco es obligatorio uno absolutamente libre de ellas. El mundo real en el que la pareja cinófila se va a desenvolver es rico en interferencias y objetos de interés para el animal, que debe aprender a controlar desde la educación.

 

VOCES PREVENTIVA Y EJECUTIVA: Un error muy repetido por muchos adiestradores "profesionales" y aficionados es el de exigir a sus alumnos que realicen el ejercicio esperado inmediatamente con la sola pronunciación de la orden. Un estilo más adecuado, inventado desde hace siglos por los militares de todo el mundo para el manejo de tropas (orden cerrado), es el de anteponer una voz preventiva a la misma, para llamar la atención del subordinado y que éste esté pendiente para la recepción y ejecución, ahora si inmediata, de la orden. Es puro sentido común. Así, el sujeto logra una mejor concentración, preparación previa inmediata y desempeño. En el adiestramiento canino, la voz preventiva corresponde al nombre del animal y la voz ejecutiva a la orden (Bruno, acá), con un intervalo entre las dos de hasta un segundo.

 

EL REFORZAMIENTO DURANTE LA EDUCACIÓN: A primera vista, se podría pensar que a cada ejecución correcta corresponde una gratificación. Sin embargo, éste esquema "justo", aunque garantiza el aprendizaje por condicionamiento instrumental, no interviene más allá de lo normal en la motivación operacional del sujeto. En cambio un programa básico de razón variable, en el que la gratificación llega "al azar" en medio de secuencias irregulares de ejecuciones correctas, si alcanza ambos efectos.

Cuando el animal es reforzado siempre que cumple con su tarea, el reforzador es algo normal, que no afecta la calidad potencial de la próxima ejecución. Pero si el reforzador no llega, así la ejecución sea correcta, se mantiene la expectativa por su llegada, la cual mejora las ejecuciones inmediatamente próximas.

Obviamente, la gratificación no debe estar tan distanciada que provoque una extinción de lo aprendido (máximo cada cinco ejecuciones), pero su presentación tampoco debe ser regular (siempre cada dos o tres ejecuciones), sino desordenada, sin posibilidad de predicción por el sujeto de cuándo va a llegar (cada una, cuatro, dos, cinco, una, una, tres, con una frecuencia aleatoria).

 

DURACIÓN TOTAL DE LA ETAPA DE EDUCACIÓN: Entre 2 y 3 meses, con una o dos sesiones diarias, para un total de cerca de 100 horas de inversión de tiempo. Haciendo cuentas, quedan 3 o 4 meses para iniciar el entrenamiento. Ese lapso puede dedicarse a eventuales reforzamientos de la preparación y la educación, a un ritmo más lento y con una exigencia menor que la convencional. Es algo así como un descanso para el animal, en el que se le permite ser algo que tiene que afirmar precisamente en ese momento de su vida: un perro que necesita jugar, socializar, pelear, dominar a otros y ser dominado, cortejar, meterse en problemas y acumular experiencia de vida.

 

7. SEGUNDA SELECCIÓN:

Al terminar la etapa de educación, tiene lugar la segunda evaluación de la pareja KSAR, que observa el control del guía sobre su perro suelto, de acuerdo a las órdenes mencionadas y en ambientes con "tentaciones". El objetivo teórico es el buen cumplimiento de las 20 órdenes, pero tampoco es estrictamente necesario un desempeño perfecto, sino aceptable y especialmente seguro para la vida cotidiana del equipo cinófilo y las necesidades de manejo en las intervenciones operativas. Los criterios generales de evaluación están contenidos en los Guías de Evaluación para Perros de Rescate Austríaca (Oesterreichische Rettungshundebrigade, 1.993) e Internacional (Bundesverband für das Rettungshundewesen. 1.992). Aunque prácticamente idénticas, la segunda es la referencia normalizada al respecto en el mundo. En líneas generales, la mayoría de pruebas K-SAR no exigen ejercicios específicos de educación, pero sí los esperan como requisitos previos para que los equipos K-SAR sean evaluables. No se puede concebir un perro K-SAR que no obedezca las mínimas órdenes de obediencia a su guía.

 

8. CONCLUSIONES:

Un error frecuente de personas y grupos que comienzan en la Especialidad K-SAR es el de invertir demasiado tiempo y esfuerzo en la educación, para obtener perros que ejecutan impresionantes ejercicios de obediencia. El error consiste en que tanto énfasis en la obediencia desvía la atención necesaria para las etapas posteriores, y peor, limita la iniciativa del animal, actitud absolutamente indispensable en un perro K-SAR. La obediencia de competencia exige que el perro esté pendiente a cada instante de su guía, dependiente de sus órdenes. En búsqueda y rescate requerimos perros con buen contacto con sus guías, capaces de obedecer sus indicaciones, pero también capaces de actuar por sí mismos dentro de los comportamientos previstos por el adiestramiento, y especialmente, decidir según sus sentidos, y nada más que por sus sentidos, especialmente el olfativo, qué ruta seguir y cuándo señalar un hallazgo. Un perro excesivamente trabajado en obediencia está condicionado a depender constantemente de su guía, y por lo mismo se le dificultará luego decidir por sí mismo qué rastro seguir o cuándo señalar autónomamente un hallazgo, hasta que su guía le indique qué hacer: ambas situaciones son inaceptables en el posterior entrenamiento específico de la Especialidad.

Por eso, los mejores perros K-SAR urbanos y rurales de área seguramente no ganan, ni deben participar, en ejercicios de obediencia. La educación es necesaria, y exigente hasta cierto punto, pero no es la etapa más importante de su adiestramiento. La importante es la del entrenamiento específico K-SAR, para la cual la educación es simplemente un requisito preparatorio.

 

Bogotá, D.C., Colombia, 14 de mayo de 2002