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DIPLOMADO
INTERNACIONAL
K-SAR
2002
Preparación
temprana del perro de búsqueda y rescate urbano y rural de area
por
Engels Germán Cortés Trujillo
Bogotá,
D.C., Colombia,
6
de mayo de 2002

Reproducido
con la autorización de Engels
Germán Cortés
FUNDACION
PARA LA GESTION DEL RIESGO FGR - NIT: 830.084.917
CALLE
142 # 16-27. Int. 202. Bogotá D.C., COLOMBIA
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Se proponen criterios y actividades para introducir
gradual y racionalmente a los cachorros (entre los 2 y los 6 meses de
edad) a los ambientes y las actividades relacionadas con el futuro
adiestramiento y trabajo en la Especialidad K-SAR, con el fin de anticipar
y optimizar su futura selección y desempeño.
1. INTRODUCCIÓN:
Aunque no siempre es posible disponer del futuro
perro K-SAR urbano y rural de área cuando éste todavía es un cachorro,
a veces sí se puede. Contando con esto, es interesante explorar la
conveniencia de introducir al animal en su futuro ambiente de trabajo: ¿Esa
introducción es útil? ¿Es conveniente? ¿Cómo podría y debería
hacerse? A continuación se da respuesta a éstas y otras preguntas
relacionadas.
2. ETAPAS DEL ADIESTRAMIENTO:
El adiestramiento K-SAR urbano y rural de área es
un encadenamiento de procedimientos de Condicionamiento Clásico (CC), y
Condicionamiento Instrumental (CI), a lo largo de las etapas consecutivas
de Preparación, Educación, Entrenamiento y Mantenimiento, en el
siguiente orden:
PREPARACIÓN:
Alrededor de las 8 semanas y los 6 meses de vida
del cachorro. Contiene la impronta del guía, la estimulación natural
del uso y temprano desarrollo del olfato, el ejercicio físico racional
y multiforme, la solución autónoma de problemas, el juego, la
socialización intra e interespecífica, y la tolerancia gradual de
ambientes y situaciones moderadamente estresantes.
Se persigue la viabilización ontogénica de las
características filogenéticas del animal favorables para el objetivo
planteado. A través de la disponibilidad de un medio estimulante,
variado, gratificante y saludable se posibilita el afloramiento de las
habilidades naturales del animal, propiciando su desarrollo y
fortaleciendo su estado físico y psicológico. Durante esta etapa se
insiste poco en el aprendizaje de órdenes operativas, que además el
cachorro difícilmente aprende por inmadurez neurológica, sino que se
posibilita su desarrollo, con algunas eventuales intervenciones
operativas respecto a las normas básicas de convivencia con el hombre
(higiene, alimentación, conducta doméstica).
En el proceso, el guía conoce las características
físicas y comportamentales del animal, y decide su uso o exclusión
para el servicio deseado. Lo importante aquí es, con la precaución
debida a la inmadurez general del perro, la variedad de situaciones que
posibiliten múltiples aprendizajes, ampliando el repertorio de
respuestas y la adaptabilidad del sujeto.
EDUCACIÓN:
Entre los 6 y los 9 meses aproximadamente,
correspondientes al paso de cachorro a juvenil. Se introducen las normas
sociales del comportamiento del perro en el medio humano, imitando el
modelo natural. Son las reglas instrumentales condicionadas para el
control y manejo cotidiano del animal, básico para su permanencia en
una familia y en la ciudad. Se fortalece la relación perro-guía y se
intensifica la exigencia física, aún sin llegar al máximo.
Simultáneamente, a partir del conocimiento más
profundo del sujeto se concreta la decisión sobre la continuación o no
de su adiestramiento. Normalmente, éste es el único adiestramiento
necesario para un perro no destinado a un oficio especializado.
ENTRENAMIENTO:
Alrededor de los 12 a los 20 meses. Casi
exclusivamente desde el condicionamiento instrumental, el perro aprende
un oficio que va más allá de la cotidianidad familiar.
Este es el objetivo final del adiestramiento, y lo
pone a prestar un servicio ante las órdenes del guía, en espera de una
gratificación. La exigencia física llega al máximo y se explotan las
habilidades desarrolladas desde la preparación.
En el entrenamiento se somete al animal a las
condiciones típicas del servicio, y se le prepara para que sortee
eficientemente las variables que pueda encontrar. A diferencia de la
educación, el control comportamental es compartido entre el guía y el
pero. Es decir, el guía orienta el comportamiento, pero a partir de la
orientación el animal decide qué ejecuciones hará. De obtener el
resultado esperado, el guía reforzará al animal, o puede
ocasionalmente reorientar su desempeño.
MANTENIMIENTO:
Durante la vida útil del animal (en promedio
hasta los 10 años), es necesario reforzar el adiestramiento mediante prácticas
periódicas del oficio. Ya sea en situación real o simulada, es
conveniente un seguimiento de las conductas obtenidas en las etapas
anteriores, reforzar las conductas adecuadas y eventualmente corregir
desviaciones no deseadas o impedir la extinción del aprendizaje. Para
esto es suficiente, si el servicio no es cotidiano, una sesión mensual
completa tanto de la educación como del servicio específico y, cuando
se prevé la próxima necesidad del perro, una sesión preparatoria
antes de la real.
3. ¿QUÉ SIGNIFICA LA ETAPA DE PREPARACIÓN?
Recordemos que se cumple entre las 8 semanas y los 6
meses de vida del animal, aproximadamente. En ella se pretenden varios
objetivos, como son:
IMPRONTA DEL GUIA:
Aún sin que el cachorro sea separado de su camada
(lo cual debe esperar al menos hasta la octava semana, por razones de
nutrición irremplazable con la leche materna, transmisión por la
mismas vías de resistencias inmunológicas y socialización temprana).
El guía, a la vez que escoge el ejemplar de su gusto, comienza a
hacerse familiar para el mismo. Es decir, empieza a sustituir a la
madre. Una vez separado el cachorro, su programación genética lo lleva
a seguir y a confiar en el organismo más cercano que le de seguridad,
alimento y con el que haya compatibilidad comportamental. Se establece
un lazo afectivo y de identificación, que propicia el trabajo posterior
de aprendizaje (Fox, 1.976).
ESTIMULACIÓN TEMPRANA:
Afirmé antes que era la tarea aquí es la de
proveer al animal del ambiente que permita o catabolice el desarrollo de
sus capacidades filogenéticas. El juego, la disponibilidad de medios
urbanos y rurales saludables y enriquecidos en información relevante
para el perro, la diversidad de escenarios y condiciones en los que debe
desenvolverse y los resultados gratificantes de ese desenvolvimiento
tienden hacia el afloramiento de un mayor repertorio de respuestas
adaptativas del animal, que le obligan a usar y con el tiempo consolidar
sus habilidades naturales. Desde este momento se hace presente la
resolución de problemas, de una manera gradual. Por ejemplo, durante un
paseo rural en el que se encuentre una pequeña corriente de agua, o un
obstáculo que no signifique peligro para el cachorro, el guía lo deja
"abandonado" y continúa su camino.
El animal chillará y pedirá ayuda, pero ante el
abandono puede intentar superar el obstáculo por su cuenta. De hacerlo,
la reunión con su guía y la felicitación adicional, junto con el éxito
alcanzado en problemas diferentes, estimularán el desarrollo de un
repertorio propio de resolución de problemas.
DESARROLLO DEL OLFATO:
En relación con el anterior numeral, pero
centrado en la capacidad olfativa del perro.
Ya sabemos que la tiene, el problema consiste en
que al crecer en un medio humano, normalmente la mayor parte de la
información sensorial que recibe viene por las vías visual y auditiva,
los sentidos que nosotros utilizamos más. Así, el cachorro simplemente
no necesita usar su olfato como lo haría en condiciones naturales y no
exige un mayor desempeño de su capacidad innata. Pero es en éste
momento de su vida cuando necesita consolidar la maduración de su
sistema nervioso y el olfato es parte del mismo. También, es el período
crítico de aprendizaje para fijar comportamientos que perdurarán el
resto de su existencia. Por lo tanto, es ahora cuando se debe estimular
el uso y desarrollo de este sentido.
La forma es muy fácil: ocultando de vez en cuando
su comida en lugares diferentes al usual, no accesibles visualmente; en
el juego, escondiéndose súbitamente, "abandonando"
nuevamente al cachorro cuando menos lo espera y sin proporcionarle señales
visuales ni auditivas, en situaciones de complejidad de resolución
gradual (aproximaciones sucesivas). Al no serle útiles en el momento
sus ojos ni sus orejas, el perro poco a poco se ve impelido a depender
de su nariz. Al tener éxito, la gratificación estimula esta respuesta.
Incluso, existe un método para acelerar la
estrategia olfativa y auditiva, mediante el uso de tapaojos en las
situaciones mencionadas. Por supuesto, con la debida habituación a este
objeto, mantenimiento el clima de juego y un control absoluto sobre los
riesgos de experiencias traumáticas para el sujeto. Esta opción ayuda
también al desarrollo de otra habilidad, necesaria en la etapa de
entrenamiento; el desplazamiento suave y prudente, casi felino, sobre
terrenos desconocidos, peligrosos o inestables, los mismos que encontrará
en muchas situaciones de emergencia.
Otro objetivo del momento es el de descubrir la
tendencia natural del cachorro a otear (oler las partículas más
livianas que el aire, levantando la nariz), o rastrear (oler las partículas
más pesadas que el aire, pegando la nariz al suelo). Fabrick (1.993),
los discrimina así: oteador, si se altera ante cualquier olor humano en
el aire o en el suelo (información más amplia / más rápido más área
cubierta / no muestra la dirección del recorrido del señuelo);
rastreador para discriminar el olor, seguirlo pegado al suelo y en la
dirección del recorrido del señuelo. Todos pueden hacer ambas cosas,
pero prefieren una de ellas, en una analogía a lo que en los humanos es
ser zurdo o diestro.
En una misma camada es factible encontrar
"oteadores" que, de no ser intervenidos, especializarán su
tendencia y subutilizarán la otra. De este modo, vale la pena descubrir
la tendencia natural de cada cachorro para saber a qué atenernos con él
y en qué circunstancias puede ser más útil, pero también para
trabajar sobre la tendencia subutilizada y permitir su desarrollo.
Volviendo al modelo humano, la idea es formar "ambidextros"
olfativos, con un desarrollo normal de su tendencia natural superior a
la contraria pero capaces al mismo tiempo de usar la segunda cuando la
preponderante no es la adecuada para una circunstancia especial.
En una búsqueda, el oteo sirve para ubicar los
primeros indicios olfatorios, localizar un área general de trabajo y
aprovechar el viento para estimar una dirección de rastreo. El rastreo
se hace sobre la pista del señuelo ya más próximo a él.
SOCIALIZACION:
Intra e interespecífica. Para la primera (con
sujetos de su misma especie), no es aconsejable la separación del
cachorro de la camada antes de las 8 semanas de vida, por las razones
veterinarias ya anotadas y porque es el período crítico para el
aprendizaje de conductas sociales caninas entre los hermanos y de la
madre. Por la interacción adquieren confianza en sí mismos, conocen
los límites permitidos para la agresividad y establecen una jerarquía
social, lo cual en conjunto confluye hacia una futura estabilidad psicológica.
Ya separado de la camada, la interacción libre con congéneres de
diversas edades y géneros apuntala el proceso y le da la oportunidad de
aprender cosas que solo entre perros puede aprender, como señales
caninas claves, estereotipos de aproximación y reconocimiento
interindividual, códigos de lucha, despliegues sexuales, etc.
EL EJERCICIO FISICO:
Racional, de acuerdo a las capacidades corporales
en desarrollo del cachorro. Huelga recordar que sobre la base de una
alimentación balanceada y suficiente, el organismo en crecimiento se
desarrolla y fortalece si cuenta además con una exigencia física que
estimule habilidades y destrezas como fuerza, velocidad, resistencia,
equilibrio y reacción, con beneficio adicional para la salud corporal y
psicológica del sujeto. No es necesaria la aplicación de un programa
especializado de ejercicio. Solamente, disponer del tiempo, el espacio y
los compañeros humanos y caninos para caminatas, sesiones de juego
(carreras, lucha, saltos, cacería de pelotas, disputa de objetos,
etc.), natación y tantas otras posibilidades. La medida de la exigencia
la da el mismo cachorro. Ya que hablamos de animales
multifásicos (varias fases de actividad y
descanso en el día, de tres a cuatro, mientras que los hombres somos básicamente
monofásicos), son preferibles sesiones dirigidas cortas (alrededor de
30 minutos) un par de veces al día, todos los días, o las espontáneas,
en las que el cachorro dispone libremente de las condiciones necesarias
para jugar y él decide cuándo y cuánto tiempo lo hace. Algo
absolutamente inconveniente es la pésima costumbre de algunos
"adiestradores", que amarran al perro a una motocicleta y lo
arrastran "para que haga ejercicio". Sí ejercita los músculos,
y también absorbe el humo del vehículo y los demás automotores, está
inauditamente expuesto a peligros, desgasta y lesiona sus pulpejos y
articulaciones contra el pavimento, pierde la oportunidad de explorar,
jugar, marcar territorio, interactuar y hasta pelear con sus congéneres.
Eso no es ejercicio, es un trabajo forzado.
En los últimos párrafos he recurrido varias
veces al juego. Esta es la palabra clave para la etapa de preparación,
en la que aún es demasiado temprano para un condicionamiento
instrumental en propiedad y más que todo se pretende aumentar los
niveles de motivación y activación comportamental. "El juego
desempeña un papel muy importante en la educación del perro joven y
contribuye en gran manera al establecimiento de la imprescindible relación
social perroamo, al tiempo que es una terapia que permite al perro
desahogar el instinto combativo que lleva dentro... el juego en sí no
pretende nada concreto, sino la curiosidad por cosas nuevas y las
situaciones desconocidas, es una forma activa de aprender...una forma
para acostumbrarse a las formas de expresión caninas". (Klever,
1.988).
El mismo autor aclara que media hora de juego
entre perros proporciona más ejercicio que un paseo de dos horas. De mi
propia cosecha puedo confirmar la importancia del juego para una
existencia realmente vital y saludable, además de la oportunidad de
adquisición y práctica de destrezas. Es tan significativa la expresión
lúdica para la adaptación ontológica y ambiental de todos los
animales, que se han hecho estudios específicos al respecto (Bekoff,
1.982 y Arak en 1.984, en animales y Vigoya, 1.994 en niños). Y sobre
todo, crea un vínculo profundo y verdadero entre el perro y el guía.
Las palabras de Collings (1.977), el guía del
famoso perro militar Mark son elocuentes: "Son muchas las razones
que hacen a los hombres arrostrar los peligros y horrores de la guerra o
las catástrofes: el sentido del deber, el patriotismo, la fe en una
causa, la solidaridad o la aventura. Pero para un perro todo eso se
reduce a un motivo único: el cariño a su amo".
Es la canalización de esa motivación en la mayor
parte de los momentos del cachorro durante esta etapa, más que una
aplicación en regla de un Programa de condicionamiento. Hebard (1.991
b), sostiene que al final el trabajo de búsqueda es un juego para el
perro y como tal le debe ser introducido. Sin embargo, ya se puede
hablar del condicionamiento clásico particularmente en la inducción de
los hábitos de alimentación e higiene doméstica, en una edad en la
que el animal no posee la capacidad neurológica para controlar esfínteres
satisfactoriamente (hasta los seis meses). Simplemente, por la
manipulación de los tiempos y los espacios para la ingestión, la
digestión y la evacuación de desechos.
HABITOS DE ALIMENTACIÓN:
Con dos razones fundamentales para tener en
cuenta. La primera, la necesidad de acostumbrar al animal a comer solo
en sus horas y en su plato, condicionando el comportamiento alimenticio
a estas dos variables. Así, se limita la relativamente permanente
necesidad de comer, y sus manifestaciones colaterales como robar
alimento, recoger basura, resultar envenenado o hasta robado por medio
de golosinas.
La segunda razón es la explicada a continuación:
HABITOS DE HIGIENE DOMESTICA:
Por necesidad, un cachorro evacúa sus vísceras
siempre que se despierta, apenas come, de una a tres horas después de
comer y antes de dormir, esté donde esté, aunque por instinto preferiría
mantener limpiar la zona inmediatamente próxima a aquella en la que
duerme.
De nada sirve castigarlo, amenazarlo o pretender
obligarlo a controlarse.
Sencillamente, no puede. Pero lo que lo que sí es
posible hacer, ya conociendo sus ritmos fisiológicos, es programar las
horas de las ingestas previendo las horas en las que el perro podrá
salir a "hacer sus necesidades", dejarlo llegar al lugar
permitido para este fin y evitar así los resultados desagradables bajo
techo. El evento inicial (salirexterior), o estímulo condicionado, que
originalmente era un estímulo neutral que no causaba respuesta,
presentado simultáneamente con el estímulo incondicionado o reforzador
(las inaguantables ganas de evacuar) con el tiempo elicita la respuesta
condicionada de "evacuar en el exterior". A mayor edad y
madurez la asociación se perfecciona, y con solo estar afuera el perro
desinhibe su comportamiento evacuatorio.
Y sólo bajo circunstancias muy particulares
(encierro prolongado, enfermedad, miedo extremo, cambio drásticos en su
rutina de vida), alterará este condicionamiento.
FIJACIÓN DE LA PALABRA DE CASTIGO:
Es otro ejemplo de condicionamiento instrumental
durante esta etapa, para el control de la conducta del animal. Al tiempo
con el castigo físico (para el que sugiero imitar la costumbre natural
de los cánidos adultos: sujetar firmemente al animalito por el cogote y
sacudirlo, mientras se repite enérgicamente la palabra escogida, en
este caso FUY.
El perro nunca la va a entender, pero sí va a
parear ese fonema (estímulo auditivo) con su significado aversivo y su
propio estado de miedo. Luego, la sola pronunciación fuerte de la
palabra evoca esa respuesta, aunque ya no esté presente el castigo físico,
que en sí es una simple demostración de aprendizaje por evitación,
que servirá para inhibir una buena gama de conductas indeseadas. Aunque
Coren (1.998) y otros adiestradores modernos no gustan de este método,
sugiriendo sustituirlo por otros "más humanos", especialmente
a partir de la manipulación de la conducta del animal con el uso de
comida, me mantengo en su eficacia y validez ética. Además, el soborno
con comida es impráctico en general, y específicamente incompatible
con la Especialidad K-SAR.
MAS SOBRE EL CASTIGO:
Ya que menciono el tema, es prudente hacer una
consideración teórica al respecto: la mayoría de las personas, al
menos en público, son opuestas al castigo físico contra un animal como
medida punitiva o didáctica. Como adiestrador privado, en muchas
oportunidades he sido increpado y hasta amenazado por desconocidos
cuando debo reprimir en público y por la fuerza un comportamiento no
deseado en un perro (agresividad gratuita, intento de fuga, violación
flagrante de una norma de seguridad o dispersión excesiva). En todos
los casos, las protestas tienen un alto contenido emocional y juzgan el
acto por sí sólo, independiente del proceso de adiestramiento.
Estas personas, con muy buena voluntad, quisieran
métodos menos "brutales" y más "racionales", pero
ignoran algunos detalles, que traigo a colación:
LA RACIONALIDAD ENTRE HUMANOS ES DIFERENTE DE LA
INTERESPECÍFICA CON NO HUMANOS: Con una persona, incluso un niño,
puedo exponer argumentos, entre otras cosas porque media un nivel de
inteligencia hipotético-deductiva. Los perros, hasta donde se sabe,
llegan solo hasta un nivel de inteligencia práctica, por ensayo y
error, es decir, causa y efecto. No puedo convencer verbalmente a un
cachorro de lo peligroso que es perseguir carros en la calle. Debo
mostrarle con la experiencia práctica los resultados de esa conducta.
Esos resultados serían catastróficos y demasiado
costosos si permito que se produzcan. Pero sí puede asociar la conducta
de seguir el carro con un efecto aversivo, menos peligroso y costoso y más
racional. Además, debo garantizar que lo recuerde, y que inhiba
definitivamente esa posibilidad, que le podría costar la vida. Y el
castigo físico es, en este caso, la vía. Así que necesito, al menos
mientras le condiciono un estímulo verbal que luego desplace ese
castigo físico, recordándole los dolorosos efectos de las conductas no
deseadas.
LA NATURALEZA CASTIGA, Y FUERTEMENTE: En estado
natural, cuando un cachorro de cualquier especie viola las normas o
comete un error, puede resultar mordido, pateado, perdido, envenenado,
muerto o devorado. Si sobrevive, ya aprendió qué está permitido y qué
no. A veces, el castigo paterno entre animales es radical puede llegar
hasta la eliminación física del infractor, cuando puede estar en juego
la seguridad del grupo.
LA FORMA MÁS USADA POR LOS ANIMALES PARA MEDIR
FUERZAS, ADMINISTRAR AUTORIDAD Y ESTABLECER QUIÉN MANDA A QUIÉN ES LA
FÍSICA: Esa concepción es instintiva y a ella obedecen, y por lo tanto
es la que entienden para regular su conducta social. Con un humano, los
perros que comienzan a crecer miden fuerzas para saber hasta dónde
pueden llegar. Y llegan hasta donde los dejan. Ya adultos, asumirán su
rol aprendido de dominador o dominado. Y esta perspectiva es algo
peligrosa, de frente a un organismo perfectamente dotado para matar. Es
un poco más inteligente moldearlo cuando aún no es letal.
Por todo lo anterior se justifica el castigo
positivo, de aplicación de un estímulo aversivo ante la respuesta no
deseada, como supresor de esa respuesta y motivador para adquirir otra.
Es de naturaleza física y decidida en el momento adecuado, acorde por
supuesto a la constitución física y psicológica del perro. Castigos
suaves no le importan en la mayoría de los casos, así que no cumplen
con su fin formativo (Fox, 1.976), y presentan el riesgo de que quien
los administra aumente la dosis y la intensidad poco a poco (porque el
castigo no le está sirviendo) y sin darse cuenta hasta llegar a
extremos realmente brutales. Es más racional una dosis fuerte pero
fija, que eduque y prevenga excesos, dentro de un programa de
condicionamiento que desplace paulatinamente el componente físico del
castigo.
Con todo, hay formas más inteligentes de
castigar. Por lo general, el guía tiende a hacerlo cuando sorprende al
animal violando alguna norma. Así, el perro aprende a no ejecutar ese
comportamiento cuando el guía está presente, puesto que ambos eventos
están pareados, el guía resulta convirtiéndose en el estímulo
incondicionado, y la respuesta condicionada final será la de no
ejecutar el acto, sólo si el guía está presente (el castigo viene del
guía, no del hecho en sí). En muchos casos, es mejor que sea la
situación misma la que castigue, sin que el sujeto pueda relacionar el
resultado con otras variables (como la presencia del guía). Por
ejemplo, si se trata de que no robe comida o recoja basura del piso,
pueden ponérsele algunas trampas con alimentos muy atractivos, pero
rellenos de una sustancia muy desagradable (podría ser picante), de
manera que sea la comida ilegal en sí el estímulo aversivo. Luego de
algunas malas experiencias, el perro aprende que esa conducta no le
conviene por si misma, no porque se lo prohiba su guía. Así la
reprimirá en el futuro, aunque no esté siendo vigilado.
En un Programa de condicionamiento instrumental el
castigo positivo no debe venir sólo, sino acompañada de la alternativa
de respuesta deseada, dotada de su
correspondiente reforzamiento. Ante dos opciones
simultáneas de resultado, una aversiva y la otra gratificante, es más
probable que el sujeto escoja la segunda, fijándola en su repertorio y
desplazando a la primera.
Ahora bien, tampoco es sensato una iniciativa de
intervención conductal exclusivamente a partir del castigo positivo.
Este es solamente una herramienta para usar como recurso extremo, ante
el fracaso de las alternativas de reforzamiento positivo. Y el castigo
mismo no se limita a la administración de estímulos aversivos, sino
también al retiro de reforzadores claves cuando el sujeto "no lo
merece", es decir, castigo negativo. Entre los cánidos, el
aislamiento social temporal, la negación del juego o la simple
indiferencia contra el infractor son definitivamente significativos para
el sujeto, y susceptibles de ser utilizados como variables
intervinientes en un programa de condicionamiento.
Conociendo todo lo anterior sobre el castigo, se
hace, además de innecesario, antiético, falto de inteligencia y
respeto por el animal, el uso de artefactos de tortura como los
"collares de castigo" (con púas hacia el cuello). Valerse de
ellos demuestra también el poco conocimiento que el
"adiestrador" tiene de su oficio, junto con su deplorable
nivel de conciencia humanitaria del oficio.
HABITUACIÓN A ESTÍMULOS NORMALMENTE AVERSIVOS:
En el futuro, el sujeto se encontrará en medios
ricos en estímulos que para un perro común y corriente son
amenazadores, y por lo tanto existe el riesgo de que intente evitarlos
escapando de la escena y por ende no realizando su trabajo. O puede que
trabaje, pero bajo una tensión que disminuirá su desempeño.
Esos estímulos son el fuego, el humo, la
maquinaria encendida, gritos, ambiente pesado, medios de transporte
ruidosos o vibrantes, acceso a lugares por vías diferentes a la
terrestre y otros. La habituación persigue que el sujeto se acostumbre
gradualmente a todos estos factores estresantes por medio de
aproximaciones sucesivas en el tiempo y la distancia, de manera que en
ningún momento se llegue a un nivel de aversividad real, que
desestimule su confianza propia y la existente con su guía. De hecho no
se trabaja este aspecto directamente, sino como escenario de fondo de
actividades como el juego, con eventuales "obstáculos" a
superar para seguir jugando. El objeto final es que el perro trabaje con
igual calidad, independientemente de que el medio sea aversivo o no, sin
llegar al extremo de que renuncie a sus estrategias defensivas para
mantener su bienestar.
Wetterholm (1.993), adiestrador sueco de perros
militares, habla de "entrenar con la meta correcta a la
vista". Es decir, acostumbrar al animal y al guía a trabajar en
medio de fuertes distracciones: la meta correcta es el rastreo, sin
prestarle demasiada atención a los distractores. Naturalmente, este
proceso es gradual y cauteloso.
HABILIDADES MOTRICES ADICIONALES:
Previendo también que en las futuras emergencias,
especialmente las urbanas, el desplazamiento se hará sobre terrenos
irregulares e inestables, es preciso que el perro pueda trepar, saltar,
tantear, mantener el equilibrio, arrastrarse, entrar a túneles y demás
mientras hace un rastreo. Recordando que estamos hablando de un
cachorro, no sugiero aquí un programa de "agility" sino una
estrategia de aproximaciones sucesivas, pasando por obstáculos de
complejidad gradual que poco a poco, sin riesgo y como algo normal,
exijan esas habilidades de manera espontánea, en medio de ejercicios
atractivos para el cachorro como la "cacería" del guía o
entre unos y otros, o al llegar a la comida. No se trata de órdenes
instrumentales, sino de la resolución autónoma de problemas que
contienen esos obstáculos.
Como consejo práctico, siempre es conveniente
revisar con anterioridad el lugar de los ejercicios, para detectar y
eliminar los riesgos potenciales que podrían lesionar al sujeto y
reducir su confianza para próximas ejecuciones.
PRIMERA SELECCIÓN DE LOS SUJETOS:
Durante las labores referentes a la preparación
se dio la oportunidad de un estrecho contacto continuo entre el guía y
el perro (estímulo discriminativo con reforzamiento positivo), que
permite un profundo conocimiento mutuo y la generación de un
significativo lazo afectivo. Simultáneamente, es necesario averiguar si
el animal cuenta con las condiciones físicas y psicológicas requeridas
para continuar en el Programa KSAR.
Si las tiene se puede continuar con el proceso,
asumiendo los costos de ésta decisión. Pero si no, es conveniente
retirar al perro del Programa, antes de invertir en él tiempo,
esfuerzo, expectativas y dinero.
Recogiendo nuevamente a Sundgren (1.993), su
investigación no encontró correlación entre los resultados de
evaluaciones comportamentales de cachorros y evaluaciones en igual
sentido de los mismos animales cuando adultos. "Se concluyó que,
actualmente, la evaluación de los cachorros no contribuiría a la
eficiencia de la selección para propósitos de trabajo en perros".
Pero además de las citadas dificultades de la
investigación de Sundgren, aquí sí se requieren unas condiciones
específicas del animal para que sea viable como futuro perro de búsqueda
y señalamiento. El holandés Leitjens (1.993), confeccionó una lista
de virtudes esperadas para los cachorros con proyecciones futuras de
trabajo K-SAR, en la que nota:
- Temperamento vivo y mucha curiosidad.
- Buen comportamiento social.
- Un claro deseo de satisfacer el guía, al
tiempo con una clara habilidad para tomar la iniciativa.
- Perseverancia en circunstancias difíciles.
- No fácilmente asustable por ruidos y objetos.
- Buena elasticidad comportamental.
- Habilidad para recuperarse rápidamente.
- Gran habilidad para usar su nariz.
En el otro lado, predice fracaso o evitar la
inversión de más tiempo y energía si el cachorro es:
- Independiente y obstinado.
- Nervioso, violento o inestable.
- Demasiado suave (sobre-reacciona a las
correcciones) o, justamente lo contrario.
- Muy terco para ser adiestrado o lo contrario.
- Perezoso o desanimado.
Más aún, la selección no es sólo para los
animales, sino también para los guías y las condiciones de vida y
crianza que dan a sus compañeros, de la que depende una buena parte de
idoneidad comportamental del cachorro. De ahora en adelante no nos
referiremos solo a adiestramiento del perro, sino del equipo K-SAR, la
pareja cinófila, es decir, perro y guía. Ambos siguen un proceso con
exigencias compartidas como equipo y dependen uno del otro para su
supervivencia en el Programa y una exitosa vida operativa.
Por lo pronto, la evaluación del animal contiene
los aspectos mencionados en mi documento "Selección del perro de búsqueda
y rescate urbano y rural de área", parte de esta serie, ya
aplicable a partir de los 6 meses de edad del cachorro, como prueba
específica para observar el potencial de desempeño canino para labores
de búsqueda, utilizada como instrumento de decisión en todas las técnicas
conocidas por el autor (Alemania, Austria, Colombia, antigua
Checoslovaquia, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, México, Suecia,
Suiza, cada cual con algunas variaciones), como culminación de la etapa
de preparación (hacia los 6 meses de vida del cachorro).
En ella, el animal, es sujetado firmemente por un
manejador diferente al guía, mientras éste se aleja de él llamándole
fuertemente la atención por medio de gritos, saltos, carreras, pedidos
de ayuda, etc. A 20 metros de distancia el guía desaparece de la vista
del perro, para ocultarse en un lugar no accesible visualmente para el
animal, pero sin obstáculos para que, una vez suelto, el cachorro
llegue al él. Luego de 30 segundos de "desaparición" de su
guía el manejador suelta al perro, animándolo para buscar a su guía.
De encontrarlo, el reforzamiento consiste en una exagerada felicitación
verbal y táctil por parte del guía y del manejador para el sujeto,
seguida de intenso juego y la consecuente excitación psicofisiológica
para el cachorro.
En este ejercicio se observan varias cosas: en
primer lugar, qué tanto se excita el animal cuando es sujetado por un
manejador extraño que le impide reunirse con su guía. Se espera que
luche por liberarse, ladre, chille, y manifieste otras señales de ganas
de seguir a su guía, en intensidad creciente en tanto que éste se
aleja. Luego, cuando el guía desaparece de la vista del animal, se
espera que el sujeto mantenga su excitación y fije su atención en el
último lugar en el que lo vio. Al ser liberado, se espera que el perro
corra inmediatamente a ese lugar y al encontrar a su guía, exprese
alegría y excitación.
Si las respuestas nos son tan marcadas como las
esperadas, varias cosas pueden estar malfuncionando: La primera, puede
no haber relación muy firme entre el perro y el guía, por lo que el
animal no se ve tan urgido para "recuperarlo", ni da muchas
muestras de excitación si lo hace. En ese caso, la relación debe
fortalecerse con más y mejor tiempo compartido en la convivencia
cotidiana y la realización de los ejercicios de preparación, tras de
lo cual puede intentarse nuevamente la evaluación. La segunda, que el
perro sea de desempeño bajo, en otras palabras, que su nivel de
activación y motivación sea inferior al promedio y no invierta mucha
energía tratando de liberarse, buscando a su guía y celebrando su
encuentro. Este ya es un inconveniente serio, porque, de seguir siendo
entrenados, estos animales tienden a no mantener un esfuerzo en el
tiempo, sobre todo si es intenso o de larga duración, y dan una señales
de ubicación de la persona buscada demasiado débiles y difíciles de
interpretar, situación muy riesgosa en una emergencia real. La tercera
posibilidad de problema es la contraria, de excesiva excitación con
agresividad contra el manejador extraño, bloqueo comportamental o
sobreaceleración de la respuesta de búsqueda cuando es liberado, tanto
que pasa sobre el escondite de su guía y no puede recuperar el camino
por su cuenta, sin atender tampoco la orientación del manejador. Todo
esto muestra la probabilidad de inestabilidad psicológica, estado difícil
de manejar si se tiene en cuenta que el futuro ambiente de trabajo puede
ser pesado y estresante y disminuir o impedir un adecuado desempeño
"profesional" del animal.
Una vez superado este ejercicio con éxito, se
introduce una variación inventada y difundida por el Cuerpo Suizo de
Socorro Alpino, introducida a Colombia por ellos mismos y por el Grupo
K-Cali en 1.986, que además de mostrar el nivel básico de motivación
y activación del sujeto para labores de búsqueda, pretende evidenciar
la potencialidad del perro para señalar pacientes que no puedan
alcanzar directamente.
En éste se repite la metodología, salvo que el
guía no está accesible, sino metido en una "caja de señalamiento",
en el cual puede ser olido y escuchado por el cachorro, más no tocado.
Al llegar a la caja el perro debe señalar la presencia de su guía
ladrando, chillando, arañando, batiendo el rabo o mordiendo la caja, ya
sea que trate de entrar o que nos informe que ese es el lugar en donde
está su compañero. A mayor evidencia, duración y precisión del señalamiento,
mayor calidad.
Justo en esta prueba es cuando más fallan los
perros antes llamados lupinos, ahora denominados no neoténicos, capaces
de excitarse cuando pierden al guía y de encontrarlo rápidamente una
vez están sueltos. Pero su señalamiento tiende a ser débil y sobre
todo, poco durable. Si el guía no sale de su escondite en el acto,
pierden interés y se van a otro lugar que les ofrezca otras opciones
menos aburridas para ellos.
Su actitud es de despreocupación, mientras que un
perro neoténico (antes chacalinos), tiende a quedar fijado a la caja si
su guía no sale de ésta.
Claro está, los neoténicos también pueden
fallar, por las mismas razones expuestas en el primer ejercicio de
evaluación. Así que la mayor probabilidad de aceptación corresponde a
los sujetos que, como ya dije, hagan más escándalo, por más tiempo y
señalando con mayor precisión.
En ambos ejercicios es claro el paradigma de
condicionamiento instrumental, por la presencia de unos estímulos
desencadenantes de una respuesta, y un reforzamiento positivo a la
misma. En el segundo, la respuesta de señalar se refuerza permitiéndole
al perro que cada vez que ladre o rasguñe pueda acercarse más a su guía,
abriendo unos centímetros la tapa de la caja e incluso permitiéndole
la entrada si la respuesta es plenamente satisfactoria, con el consabido
remate lúdico y de felicitación.
Las metodologías colombiana y francesa usan como
reforzadores el cariño táctil y verbal y el juego, ya sea retozando
con el animal o permitiéndolo "cazar" un juguete apreciado
por el perro (una pelota, un muñeco, en todo caso un elemento conocido
y deseado por el perro, el juguete con el que más se excita: se le
permitirá jugar con él sólo cuando señala al guía inicialmente,
luego al figurante y luego al paciente real).
Algunos alemanes sólo refuerzan con comida. Otros
los usan todos, o utilizan específicamente trozos de hígado de vaca
(Inglaterra) o de salchichas (Suiza). La explicación anecdótica de los
suizos sostiene que además de relacionar el reforzamiento con una
necesidad básica del animal, la de alimentación, lo cual aumenta su
motivación por conseguir la gratificación, es preferible una salchicha
que la carne común porque es más olorosa y su aroma es parecido al que
emite una persona después de estar atrapada por horas o días en un
espacio colapsado. El olor concentrado de sudor, sangre, excrementos y
demás es para ellos el mismo que el de algunos embutidos y por lo tanto
es a la vez que un reforzador clave para el perro, un señuelo que
simula el olor del objetivo final, personas sepultadas, lo que va
afinando la capacidad olfativa del sujeto. Por supuesto que la explicación
es lógica, pero no es consecuente con nuestra propuesta, que ya explicó
anteriormente por qué no usamos comida como motivador.
Un observador desprevenido podría criticar en
ambos ejercicios que el perro casi todo el tiempo está viendo y
escuchando a su guía, al menos hasta que se esconde y por lo mismo la
información que usará para encontrarlo será visual y auditiva, pero
no olfativa, precisamente el sentido que más necesitamos que
desarrolle. Tendría razón, pero lo que queremos ver aquí no son las
capacidades físicas de los aspirantes, sino su disposición psicológica
para el adiestramiento. Por medio de otros ejercicios estimularemos su
olfato y en la etapa de entrenamiento se integrarán las capacidades
adquiridas.
En todo caso, no se admite o elimina a un pareja
aspirante después de un solo ejercicio de evaluación, sino después de
al menos cuatro observaciones a lo largo de un mes; así, se da
oportunidad para la corrección de desviaciones, según el caso, o, más
interesante aún, se adquiere una plena certeza sobre la idoneidad de
los equipos que muestran regularmente un buen desempeño constante. Por
lo general, aún los cachorros con mejor disposición para el trabajo
necesitan ocasionalmente ser orientados hasta el escondite y estimulados
por el figurante para señalar. El caso es que simultáneamente
descubrimos cuáles tienen las condiciones para el adiestramiento y
colectamos la información estadística pre-adiestramiento para
registrar la línea de base en la que entran los cachorros al programa
que se contrastará posteriormente con los resultados del
adiestramiento, para la validación experimental del trabajo.
Por todo lo anteriormente dicho, la etapa de
preparación es muy importante para comenzar el adiestramiento específico
de búsqueda, más no es estrictamente necesaria en todos los casos.
Puede suceder que un animal ingrese al Programa después de haber
cumplido los 6 meses de vida, pero tenga las condiciones necesarias para
adquirir las conductas deseadas. Ya que depende de la dedicación de su
guía y de una adecuada distribución del tiempo entre la preparación y
la educación. En suma, significa darle al perro las mejores condiciones
posibles para su adecuado desarrollo ontológico y contar
consecuentemente con un sujeto muy versátil para continuar con el
adiestramiento. Casos contrarios, de animales inhibidos, no estimulados,
maltratados o traumatizados, son difícilmente viables para continuar y
presentan de hecho serios desórdenes que provocarían casi
indefectiblemente problemas de agresividad, pasividad o débil
equilibrio psicológico (Cortés, 1.995b).
4. CONCLUSIONES:
En pocas palabras, durante la etapa de preparación
el guía cumplirá el papel de la madre del cachorro: proveerá sus
necesidades básicas físicas y comportamentales, estimulará el
desarrollo de las potencialidades positivas del animal e introducirá las
reglas generales de convivencia en el medio humano, sin trabajar todavía
en las órdenes instrumentales que vendrán en edades mayores y etapas
posteriores del adiestramiento.
Respecto a la preparación para el adiestramiento
K-SAR para eventos urbanos y rurales de área, se trata de permitir el
contacto habituador pero en baja intensidad y frecuencia del cachorro con
las condiciones ambientales y generales que encontrará más adelante, con
el fin de eliminar posteriores reacciones aversivas y fomentar mejores
desempeños futuros en esas situaciones, que queremos que el perro maneje
como naturales para él. Incluso, buscando que se sienta cómodo y
dispuesto para trabajar en ellas. No nos referimos a realizar los
ejercicios correspondientes a las etapas posteriores, error muy torpe,
sino a conocer y a tomar confianza en las condiciones de esos ejercicios.
Otro resultado importante de la etapa de preparación
es la primera selección, que definirá cuáles de los cachorros ingresarán
a un programa de adiestramiento K-SAR y cuáles no. Aunque el
funcionamiento de la selección está explicado ampliamente en otro
escrito, vale la pena tenerlo en cuenta durante la preparación para
anticipar el desarrollo de las habilidades necesarias para superar la
selección con éxito.
Por último, las palabras claves para definir esta
etapa son diversión y paciencia: Diversión para la pareja cinófila, que
si no la encuentra en este tipo de trabajo está
perdiendo el tiempo, y las futuras etapas no son
prometedoras. Paciencia especialmente para el guía, que debe recordar que
está trabajando con un cachorro, y por lo tanto las cosas pueden no
funcionar como se quisiera o mucho más lentamente que lo esperado. Otro
error tristemente frecuente en esta etapa es la de tratar de acelerar el
proceso, sobresaturar al perro de ejercicios en poco tiempo: eso
esexactamente lo necesario para que no los aprenda, y que no los quiera
aprender más adelante. Y para los adiestradores que ya han tenido antes
perros K-SAR operativos, especialmente si éstos han sido muy buenos, es
muy mala práctica comparar sistemáticamente al nuevo cachorro con el
viejo experto. La comparación es desproporcionada porque el joven sin
conocimiento y experiencia siempre será inferior a la estrella, y se
olvida que esa estrella no siempre lo fue, que en su momento también fue
un cachorro inexperto y con temores. Conozco casos de adiestradores K-SAR
que luego de su primer perro operativo, muy bueno, rechazaron 3 y más
perros posteriores, también muy buenos pero que jamás podrían alcanzar
los niveles de calidad del viejo compañero, niveles inicialmente medidos
objetivamente pero con el tiempo idealizados y por lo tanto a cada nuevo día
más difíciles de alcanzar.
Por lo contrario, el nuevo perro de un guía
experimentado tiene una ventaja sobre sus antecesores: Para su llegada el
guía sabe más, tiene más experiencia, y con esto mejores condiciones
para identificar y aprovechar más sabiamente en el cachorro sus
capacidades objetivas. El tercero o cuarto perro de un buen guía tienden
a ser definitivamente mejores (mejor adiestrados), que el primero.
Bogotá, D.C., Colombia, 6 de mayo de 2002

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